su homenaje nostálgico a la hora del aperitivo milanés de los años 70, donde cocteles como el Maurito —con mezcal, Lillet Blanc, jerez y un toque refrescante de guayaba— o el Negroni 1929 evolucionado con cacao y fresas, estimulan el apetito con texturas secas y sabores equilibrados que preparan el paladar para botanas italianas como quesos maduros umami, focaccia rellena de mortadela generosa o platos que combinan lo clásico con toques locales. El diseño de media siglo con espejos, baldosas subway y toques modernistas crea un espacio cálido y acogedor que invita a conversaciones pausadas en la barra o en áreas lounge, evocando el ritual italiano de convivialidad vespertina fusionado con calidez mexicana, perfecto para tardes que se extienden en charlas relajadas con amigos o pareja, donde el servicio hospitalario y la música suave italiana hacen que cada sorbo se sienta como un momento de placer sencillo y sofisticado a la vez.